Por globalización entendemos un proceso histórico de integración mundial en distintos ámbitos (económico, cultural, social, político y tecnológico) que ha creado con el paso de los años un mundo más interconectado.

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Las lenguas constituyen una parte fundamental de la cultura de un país. La RAE (Real Academia de la Lengua Española) define la palabra “lengua” como un sistema de comunicación verbal propio de una comunidad humana que cuenta generalmente con escritura. Pero es mucho más que eso. La lengua se emplea en el seno de las comunidades humanas con fines educativos y para representar la realidad. La cultura, por otro lado, es un conjunto de patrones aprendidos, característicos de una sociedad determinada. Por este motivo, para el aprendizaje de una lengua no basta con saber su gramática o su vocabulario, sino que es necesario conocer los parámetros culturales en los que se desarrolla. Por ejemplo, en Reino Unido es habitual que en los hoteles se informe de que los niños son bienvenidos (Children are welcome), mientras que, en otros países como Italia, no es normal que los niños no se acepten en los hoteles.

¿Pero cómo puede afectar la globalización a un idioma?

En teoría, la globalización debería ser una vía para el aprendizaje de idiomas y para su expansión, pero actualmente podemos ver que está provocando más daños que beneficios en algunas lenguas. Un ejemplo claro es el islandés, lengua oficial de Islandia. Este país, situado en el norte de Europa, cuenta con algo más de 350.000 habitantes. Hoy en día, sus habitantes priorizan el uso del inglés, ya que está mas extendido y aparentemente resulta más útil. Esto provoca que, si continúa disminuyendo el uso del islandés por parte de los nativos, finalmente acabará desapareciendo, como ha ocurrido con otras lenguas.

Al igual que el islandés, existen otros muchos ejemplos, como las distintas lenguas indígenas de Latinoamérica (quechua, guaraní, aimara, etc.). Si bien algunas de estas lenguas las hablan millones de personas, poco a poco se han ido sustituyendo por el castellano, infinitamente más extendido. Cada vez quedan menos hablantes nativos de estas lenguas, y llegará un momento que, si no se preservan ni se motiva su aprendizaje y uso, desaparecerán, y con ellas toda la cultura e historia que tienen detrás.

Umberto Eco afirmaba que “el gran peligro de la globalización es que nos empuja a una metalengua común”, y hoy en día, estamos comprobando que tenía razón. Los hablantes de lenguas minoritarias las están dejando de lado para centrarse en otras más usadas como son el inglés, el chino o el español.

La pérdida de una lengua constituye, por ende, la pérdida de una parte de la cultura, por lo que es imprescindible evitar que esto ocurra. La globalización debe ser una excusa para la expansión y enseñanza de las lenguas, y no una causa de su desaparición.