No son pocos los que, al pensar en el trabajo de traductor, se imaginan a una persona rodeada de diccionarios escribiendo con pluma y papel y a la luz de un candil. «Ah, así que eres traductor, ¿y cuántos libros has traducido?». Se trata de una pregunta a la que muchos se han enfrentado.

Si bien es cierto que algunos compañeros se dedican exclusivamente a la traducción editorial (aunque ninguno traduzca ya con papel y boli), la realidad de muchos otros (y del mercado) es bastante diferente. En el día a día del traductor, pueden aparecer traducciones de manuales de instrucciones, notas de prensa, sentencias judiciales, balances de empresa, correos electrónicos, anuncios, manuales de software, etc.

Cada profesional cuenta con sus propios ámbitos de especialización, aunque, independientemente de cuál sea el campo elegido, casi todos los traductores comparten algo en concreto: el uso de los programas de traducción asistida por ordenador, más conocidos como «herramientas TAO» o «CAT tools» en inglés. La mayoría de estos programas funcionan por licencias (SDL Trados, memoQ, Memsource), mientras que otras herramientas son gratuitas (como OmegaT).

Se trata de programas informáticos que, como su nombre indica, facilitan la labor de traducción, ya que agilizan los procesos. Este tipo de herramientas es sumamente útil para textos repetitivos como, por ejemplo, algunos manuales de instrucciones. Enseguida veremos por qué.

Una vez recibido un documento para traducir, el traductor crea un proyecto en su herramienta TAO, que automáticamente divide el texto en «segmentos». Como decíamos, ciertas tipologías de textos se caracterizan por presentar muchas repeticiones, y afortunadamente, las herramientas TAO las detectan automáticamente, por lo que prepararan el archivo correspondientemente: esto es, el traductor solo deberá trabajar sobre dicho segmento repetido una única vez: la traducción se propagará por todo el texto y se conseguirá un ahorro de tiempo considerable.

Otra ventaja del uso de este tipo de herramientas reside en la posibilidad de crear memorias de traducción: se trata de un espacio donde se almacenan todas las traducciones realizadas en una determinada combinación lingüística. Cada vez que se finaliza un proyecto, es posible guardar todos los segmentos en una memoria de traducción que podremos consultar y actualizar en los siguientes proyectos y que nos permitirá aprovechar contenido. Lo ideal es crear dichas memorias por cliente o por área temática: si, por ejemplo, traducimos con frecuencia textos sobre automoción, lo mejor es tener una memoria donde almacenemos todas las traducciones sobre esta temática. De esta forma, lograremos disponer de un gran corpus de texto traducido, lo que nos permitirá pretraducir ciertos segmentos que ya hayan aparecido en otros proyectos, así como consultar traducciones previas con el fin de garantizar la máxima coherencia en nuestros proyectos.

Para asegurar y mantener dicha coherencia, además de las memorias de traducción, en nuestros proyectos podemos crear e integrar glosarios por áreas temáticas: ahorraremos tiempo de búsqueda en diccionarios en papel o en línea y, al mismo tiempo, conformaremos una sólida base de datos que podremos alimentar proyecto tras proyecto. Con ayuda de las memorias de traducción y los glosarios, nos cercioraremos de traducir la terminología de forma consistente y sin discrepancias.

Además de todas estas ventajas, muchas de estas herramientas permiten el trabajo en la nube, lo que posibilita que dos o más personas trabajen a la vez sobre el documento. Si, por ejemplo, un traductor ha finalizado su trabajo, el revisor puede acceder directamente al texto sin necesidad de ningún paso adicional. A su vez, este puede introducir los cambios y comentarios que estime oportunos para que, por su parte, el traductor los verifique y dé el visto bueno. Esta forma de estructurar los flujos de trabajo en línea facilita la colaboración y la comunicación entre traductores, revisores y gestores de proyectos. De estos últimos tampoco queremos olvidarnos: las herramientas TAO facilitan mucho su labor, ya que les permiten gestionar de forma sencilla todos los parámetros del proyecto (texto, memorias, archivos originales y de referencia, glosarios), así como extraer estadísticas de rendimiento de trabajo de forma rápida y precisa. Esto se traduce en una capacidad de elaboración de presupuestos más rápida y en una automatización de procesos que permite trabajar con las máximas garantías.

Como veis, la tecnología y el trabajo del traductor no están para nada reñidos; hasta San Jerónimo habría sucumbido a las ventajas de estas herramientas de haber existido en su época.

¿Cuál es vuestra experiencia con las herramientas TAO? ¿Tenéis alguna preferida? ¿O sois de los que prefieren traducir «a la vieja usanza»?

 

Imagen de cabecera: Mikael Kristenson para Unsplash